Andando por el camino un peregrino iba conmigo no lo conocía al caminar.
Me hablaba de mi vida me hablaba de felicidad.
Yo no lo conocía
Hasta cuando me habló.
Mi corazón ardió como un fuego que muy rápido se extendió.
Prendiendo corazones necesitados de este fuego interior.
Siendo a la vez fuegos del Amor.
Antes de conocerlo eramos como estos dos discípulos de Emaus que andaban desanimados sin ya nada que
hacer
Quedando sin esperanza sus ojos no podían ver.
Contagiando desanimo, hiriendo el corazón.
Dejandolo vacío en profunda turbación.
Pero el Resucitado permanecía
A su lado, no los podía dejar
En ese estado del alma
turbada y sin esperanza. Y
escuchando las quejas del alma con una paciencia infinita se dió a conocer explicandoles las escrituras que tenia que suceder.
Era necesario morir para Resucitar. Todo lo que vivimos aunque halla dificultad. Jesús nos da un sentido
Viviendo de verdad para toda una eternidad.
escuchando la voz del Maestro. Todo comienza a florecer lo que estaba marchito comienza a reverdecer.
Viendo con otros ojos que ven
Vida donde hay muerte.
Claridad donde hay oscuridad
Porque aunque no veamos al Resucitado.
El está como el sol que permanece. Brillando en intencidad. Amén
Lev. JEP